Respuestas de foro creadas
- AutorEntradas
-
Yeraldine Mora
ParticipanteQuiero contarles un poco sobre mi experiencia viviendo dolor menstrual. Me recuerdo teniendo dolores incapacitantes desde mi primer menstruación. La primer persona que supo de mi primer sangrado fue mi mamá, yo tenía 11 años. Días antes estuve sintiendo dolores en el vientre, no se parecían a ningun dolor que haya experimentado antes, los sentía ardientes, confusos, hasta el día de hoy, sigo sin una respuesta del porqué. A los días, ahí estaba, mi primer sangrado, yo aún era una niña, recuerdo que estaba jugando con la visita, fui al baño y ahí lo encontré, llame a mi mamá sin querer que los demás se enteraran, ella me dijo que era normal, que a ella también le pasó en su momento así como también a mis hermanas, que era parte de convertirse en mujer, yo seguía sintiéndome una niña. Una niña con un dolor que nadie le podía explicar, por lo tanto solo lo normalizaban, la primer normalización fue en mi entorno familiar. Recuerdo una ocasión en la que acompañe a mi mamá a hacer las compras, yo estaba menstruando ese día, el dolor que sentía era muy intenso, me impedía caminar, me recuerdo en un baño público llorando del ardor que invadía mi vientre, tuvimos que regresar a casa. Poco a poco, al pasar los años el dolor no se iba, solo continuaba intensificándose, ahora no solo me dolía el vientre, el dolor invadía mi espalda baja, me hacía vomitar mientras mi presión bajaba y mi cuerpo sudaba frío sintiendo ansiedad. Eso todos los meses. En una ocasión mi cuerpo se entumió del dolor al punto en el que dejé de sentirlo. Los dolores eran tan fuertes que los tés, y las bolsas de agua caliente no los calmaban ni un poco. Mes con mes las incapacitaciones me han hecho sentir culpa ¿Por que un dolor «normal» me impide realizar mis actividades con normalidad?. Lo dolores se intensificaban tanto al grado en el que terminaba en hospitales, solo me inyectaban para anestesiar el dolor. Los médicos que me atendían me decían «Es normal que duela, a muchas mujeres les pasa y a ti te tocó la mala suerte» siempre, cada discurso estaba acompañado de un «es normal». La segunda normalización de mi dolor fue por parte del personal médico. A falta de una explicación del por que mis dolores eran tan intensos, incluso, intenté buscarle una explicación psicológica. Sí. A mi también me dijeron que mi dolor venía de no aceptar mi feminidad. Pensé en todo mi linaje de mujeres, mujeres a las cuales les realizaron histerectomías. Una de mis últimas menstruaciones terminé en un hospital, sentí que mi útero iba a explotar, desde el momento en el que ingrese viví violencia, la enfermera sin preguntar como me sentía decidió suponer que mi dolor «no era para tanto» que era mi mi responsabilidad haberlos atendido y tener un control sobre ellos. De mala manera, me dió una ficha para entrar a urgencias, espera que duró casi las tres horas en las que nadie me atendió, de lejos escuchaba como mi mamá les preguntaba en que momento me iban a atender, que mis dolores eran muy fuertes, y ellos le respondían «pero está en su periodo, ¿no?. Finalmente no tuve atención. Lo único que recibí fueron miradas de desprecio y una nula atención y solidaridad. Ese día me marcó, mi dolor se hizo más intenso que el dolor físico que sentí. Por lo que decidí resignificar ese dolor y adentrarme a hacer investigación del dolor menstrual. El primer paso ha sido reconocerlo, no solo desde lo sintiente físicamente sino también reconocer que ese dolor ha sido normalizado e invisibilizado. Reconocer que le tengo miedo, reconocer que tengo muchas dudas, que le tengo muchas preguntas. Pero sobre todo, le tengo mucha compasión y decido abrazarlo.
- AutorEntradas
