Foro del módulo 1

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  • #10219

    Les invito para que presenten un caso de la vida real que haya o esté viviendo la normalización o la invisibilización del dolor menstrual, puede ser o no de la farándula.

    Tener presente que el aporte debe tener un máximo 600 palabras, pueden agregar fotografías o enlaces y puede ser la vida de otra persona o si lo deseas tu propia vida.

    ¡Esta es una acción que nos ayuda a visibilizar el Dolor Menstrual! Y juntas estamos haciendo el camino para cambiar las historias del dolor en la menstruación. Así que, estaré muy contenta de poder leerlas.

    #10269
    Luisa Guzmán
    Participante

    Un saludo compañeras.
    Después de nuestra clase del sábado, me quedé pensando en lo que dije. Vaya sorpresa al recordar que SÍ HE TENIDO DOLOR MENSTRUAL. Me parece curioso y revelador esto porque, si bien llevo varios años con una relación muy amorosa con mi menstruación y mi cuerpo en esta fase, es como si hubiera olvidado -invisibilizado una vez más- ese dolor. O como si sintiera culpa por no dolerme “tanto” como a otras personas. Esta semana me dispuse a recordar esos tiempos y me logré ver a mí misma, sentada en un computador de 7 am a 6 pm, yendo cada 2 horas al baño con sangrado abundante, con cara de malgenio internamente pero siendo una trabajadora funcional y amigable. La tarea era fingir que no dolía.
    Retomando la culpa, es muy teso porque es como si hubiera un umbral de dolor “permitido”. Si sientes que te duele pero hay a quienes les duele más, finge que no duele. Y lo relaciono también con esa idea errónea de empatía que se puede llegar a fundir con una auto percepción errónea de lo que somos y sentimos. El dolor, el propio dolor, el subjetivo, el particular ¿dónde queda? ¿es válido? ¿tengo miedo a que me censuren?
    Gracias por este módulo tan hermoso.

    #10270

    Hola a todas.
    Partiré de mi experiencia personal.
    Como la mayoría de las mujeres y las niñas pensé, creí y apropié al dolor menstrual durante toda mi vida, hasta hace 4 años que busqué una forma menos sacrificada y estresante de gestionar mi menstruación, esto me llevo a descubrir la copa menstrual y a empezar a cuestionarme sobre mis síntomas.
    Después de algunos cíclos de utilizar la copa noté que el dolor que siempre sentía había disminuido considerablemente, la abundancia de mi flujo menstrual habia disminuido muchísimo, la inflamación tambíen se presentaba menos.
    Esto me hizo cuestionarme ¿por qué mi menstruación era distinta a cuando usaba toallas menstruales? Empecé a interesarme mucho y a tratar de proporcionarle a mi cuerpo bienestar.
    Descubrí que los contenidos con los que están hechas las toallas de esas grandes marcas envenenan nuestro útero y entonces empecé a cuestinar todo aquello que hay en el mercado que no es saludable para nuestro cuerpo y que en realidad a nadie le importa por que están hecho para su consumo y no para nuestra salud y bienestar integrales.
    Fué así que un buen día escuché sobre educación menstrual, encontré la página de princesas menstruantes y estudie el diplomado para certificarme como educadora menstrual y ahora me encuestro aquí cursando este otro diplomado y tratando de hacer aportaciones significativas para cambiar la realidad de las niñas y mujeres de mi ciudad.
    Hoy menstrúo sin dolor por que también entendí al paso de estos años que el etrés y las emociones también se gestionan y esto contribuye de manera significativa con mi útero.
    Sé que ésta es sólo mi historia y que hay otras miles diferentes, que para combatir la desigualdad también es necesaria poner a la menstruación en el centro de la vida pública, de forma transversal e interseccional y por supuesto desde lo político.

    #10354
    Maribel Quintero
    Participante

    Buenas tardes a todas
    Respondiendo a la actividad del foro, les presento la historia de Sonia, ella es una mujer de 45 años.
    En palabras de Sonia: » Mi primera menstruación la tuve a los 11 años, ese primer año sentía unos cólicos normales, per a medida que fue pasando el tiempo los cólicos se fueron prolongando, eran más fuertes, cada vez más fuertes y más fuertes…¿Qué hacía? ; me tomaba una pastilla para que se me pasara el dolor, pero esto no era suficiente, sentía que no podía hacer nada, no podía estudiar , ni hacer oficios en la casa. ¿Qué pasó? Que hubo un momento en el que no pude más, entonces tocó que me llevaran donde el médico. Inicialmente los especialistas me decían que eso era normal, que los cólicos se me iban a pasar cuando tuviera un hijo, pero no fue así, por que de hecho jamás me embaracé. ]Pero al ver que los cólicos no cesaban y nada me quitaba el dolor, entonces cambiaba y cada tres meses cambiaba de ginecolo, pero todos me decían lo mismo; finalmente sentía tanto, tanto dolor que me quedaba en la casa. Para mí era un martirio muy grande tener la menstruación por que los dolores eran impresionantes, vómito, malestar, todo horrible y se me distensionaba el estómago. Finalmente, me descubrieron que tenía endometriosis, pero cuando me descubrieron que tenía endometriosis ya estaba muy muy avanzado, entonces el tratamiento no me funcionó, me hicieron un tratamiento por seis meses con unas pastillas, pero no resultó como debía resultar entonces tuvieron que hacerme una histerectomía por que tenían que sacar todo, porque mi calidad de vida no era buena, todo el tiempo estaba muy enferma, para mi tener la menstruación era estar enferma todo el tiempo, yo sentía que tenía un tipo de cáncer, para mi era muy triste esperar o sentir que ya me iba a venir la menstruación, era muy triste, yo siento que a mi me daba depresión, entonces no …escondida, acostada, no hablaba con nadie… Yo no veía la hora que esos tres días terminaran…yo le decía a mi mamá que si así er atener un hijo, que si es o se sentía que yo ya había tenido muchos…. Para mí, la menstruación fue sinónimo de mucho dolor. Me legra mucho que en este momento las mujeres tengan oportunidad de vivir y de salir adelante con todo lo de la menstruación y que nosotras las mujeres podamos a manejar ese dolor que tenemos cada mes y que ya se ha dejado de ver como un tabú.”

    #10359

    Hola a todas,
    Iniciare contando mi historia, desde niña viví rodeada de mujeres, mamá, abuela, mis tías y yo la primera nieta, para mí era muy natural ver a las mujeres de mi familia menstruar con mucho dolor, una de mis tías con Endometriosis, diagnosticada hasta hace poco … Menstruar era doloroso y muy odiado por todas. Y cuando inicie mi menarquia asumí que debía ser dolorosa, y odiada, así que si sentía dolor debía aguantar como todas lo hacían. A los 16 años fui por primera vez a ginecología, se veían quistes en los ovarios, me enviaron anticonceptivos tanto para prevenir embarazos como para “mejorar” el ciclo. Pero no soportaba los anticonceptivos, no tuve mucho dolor en la época que use el anticonceptivos, pero mis cambios emocionales me tenían al borde de un colapso emocional. Fue a los 21 años cuando tome la decisión de no volver a los anticonceptivos, pero reclamaba la caja de preservativos con todas las críticas de la médica, menstruaba con dolor pero prefería eso y tomarme un Calmidol a diario. A los 26 años quede en embarazo, pero no lo sabía porque seguía sangrando, un día sentí un dolor muy fuerte asumí que era normal y me tome una aromática y un calmidol, así dure por 5 días sangrando mal, pensando que estaba “menstruando”, yo no sospechaba el embarazo. Pero el dolor era tan fuerte que no podía mantenerme en pie, mi tía me llevo a urgencias, pero yo no quería, me atendió un médico hombre y no me prestaba atención, esa noche tuve el peor dolor de mi vida gritaba en urgencias hasta que una enfermera a escondidas me inyecto algo para el dolor y le aviso una médica mujer, ella me reviso y me mando los estudios, para mi sorpresa tenía un embarazo ectópico roto, me dijo que mi vida estaba en riesgo porque mi trompa derecha alojaba al embrión y al tener 10 semanas creció y había roto mi trompa, me ingresaron a cirugía yo no entendía nada. Y al salir de la cirugía no había embrión ni trompa derecha. En el proceso de recuperación pasaron muchas cosas por mi mente. En medio de la tristeza, reflexione acerca de todo. Y decidí hacerme dueña de mi cuerpo, cuando fui al ginecólogo de nuevo me hicieron estudios para saber si tenía Endometriosis, pero no veían nada, decían que en la cirugía me habían «limpiado muy bien» no entendía nada. Empecé a estudiar y adquirir conocimientos por mi misma, eso fue en el 2020 que empecé a estudiar, a sanar y apropiarme de mí. Hoy en día cambie la manera en la que gestiono mi menstruación, en la que me relaciono, y en la que la siento, ha mejorado un montón, y he logrado encontrar otras alternativas más amorosas con mi cuerpo.
    Sé que hay muchas mujeres que como yo han tenido que vivir esto y mucho más, muchas gracias por este módulo lleno de aprendizaje y muchas reflexiones.

    #10374

    Quiero compartir con ustedes mi historia personal. Toda mi vida sufrí de cólicos intestinales, más no de dolor de útero, durante la menstruación. Dolores intensos, y mucho estreñimiento. Siempre mi dolor fue asociado a que yo era «muy nerviosa». así que me enviaron al psicólogo para poder gestionar mis supuestos problemas de estrés. Luego, se sumaron dolores de útero, de piernas, de espalda baja. Ya mis dolores eran tan fuertes, pero cada vez que iba al médico me decían que era normal.

    Un día, después de que mi jefa me hizo ver que algo no estaba bien, ya que yo debía tener bajas laborales 2 días al mes, insistí con un médico que me creyó y finalmente tuve el diagnóstico: tenía endometriosis profunda. Lo que yo no sabía, es que esa enfermedad no sólo atacaba mi útero y ovarios, también estaba esparcida por mis intestinos delgado y grueso, por el recto, apéndice y colon. Por lo mismo, debí operarme el año 2021, y dentro de la operación encontraron que la endometriosis estaba provocando una obstrucción intestinal. Por eso tenía estreñimiento, por esa razón tenía cólicos intestinales.

    Tuve mi diagnóstico el año 2018, después de haber sufrido dolor y cólicos terribles desde los 16 años. Aquel año, decidí que no podía ser mi única alternativa tomar anticonceptivos hormonales, así que me he dedicado a realizar cursos, formaciones relacionados a la salud de las mujeres, específicamente educación menstrual, políticas públicas y género. De forma autodidacta, he estado leyendo muchos libros sobre salud feminista. Siempre digo que soy una sobreviviente, en este mundo y sistema que nos tortura normalizando el dolor. Sin embargo, también me da mucha esperanza ver como en estos tipos de espacios somos capaces de abrirnos, de acompañarnos y darnos cuenta que no estamos solas.

    Muchas gracias, un abrazo desde Chile.

    #10375

    Frente a la invisibilización y la normalización del dolor menstrual tan presente en nuestra sociedad tendría tres asuntos específicos a mencionar:

    El primero, es que me costó mucho aceptar mi propio dolor porque, al igual que todos lo tenía normalizado. En mi mente mis menstruaciones eran normales, ni abundantes ni angustiantes, solo presentes y relativamente estables al aparecer en mi ciclicidad. Sin embargo, es a partir de la auto observación consciente y de las lecturas de este diplomado, que me doy el permiso de vivir mi propio dolor. En retrospectiva, me veo a mí misma, cubierta de ropas para contrarrestar el frio que me causa la llegada de mi periodo, me recuerdo en cama respirando y en postura fetal esperando que todo pase, la punzada en mi ovario derecho es latente y presente, es agudo y recorre mis piernas como si tuviera una contracción de parto, pero a mí me parece de lo más normal, tanto que ni me hago el favor de tomarme un calmante y sigo con la cara pálida haciendo como si nada y de pie a trabajar como siempre, con la certeza de que el sol, el caminar y una aromática me harán sentir mejor. En ocasiones es así, pero en otras el malestar dura todo el día y yo ignorándolo todo, normalizándolo todo y lo peor, durante años. Así que soy yo, la primera en caer.

    Lo segundo, es verificar cuánto me costo encontrar un caso real en las personas que me rodean para que quisieran compartirme lo que el dolor de la endometriosis había significado o significaba en su vida. En primer lugar, no halle a ninguna persona cercana que lo sufriera en la actualidad (quizá precisamente por el tabú social que implica el hablar de la menstruación en toda su expresión). Por otro lado, escribí a una familiar y a tres amigas, les consulté porque sabía que habían tenido intervención quirúrgica de histerectomía, recordé haber escuchado a una de ellas hace algunos años, hablando de lo agradecida que estaba de que le hubieran sacado el útero. Así que les consulté en insistí durante una semana. Pero al parecer, no querían hablar del tema, ignoraron mi saludo o no comprendieron mi intención. Una de ellas, que me contesto, aunque parecía no querer tener ni siquiera el tiempo para hablar del tema, me habló del terror que le tenía a morir en la cirugía y cómo se había aguantado años de tratamientos que no sirvieron con el fin de evitarla, al final cedió porque no encontró otra opción diferente a la cirugía, y al hablarme del asunto lo hacía como refiriéndose a un enemigo del que no quisiera hablar más.

    En tercer lugar, y ya vencida porque no encontré quien quisiera hablar del tema conmigo, me encuentro con la famosa actriz Susan Sarandon, una de mis favoritas, una genialidad de mujer (mi personaje favorito de ella será por siempre Louise Shawer en la película Thelma y Louise). Ella, actriz y productora estadounidense de teatro, cine y televisión cuya nutrida y extensa filmografía la han convertido en uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, es una de esas mujeres quien, habiendo enfrentado la endometriosis y aprovechando su posibilidad de hablar y ser notada, decidió participar en eventos organizados por la EFA (Fundación Americana de Endometriosis) diciendo en ellos que debe hablarse más sobre este padecimiento para poder eliminar la soledad que implica. Esta mujer, exitosa, reconocida y madre de tres hijos ha tomado de su espacio para denunciar el silencio y la soledad con la que se vive injustamente esta enfermedad.

    No padezco directamente de Endometriosis, pero mi amigo el quiste del ovario derecho, hace lo propio para que me haga una idea de lo que puede significar para millones de mujeres en el mundo que lo viven en silencio y lo agradezco, porque esa búsqueda me permite estar aquí, aprendiendo de mujeres maravillosas, cómo renombrar la vida siendo más consciente del amor y respeto que debemos profesarnos unas a otras.

    https://www.draelbamendoza.com/post/sabes-c%C3%B3mo-super%C3%B3-la-endometriosis-la-actriz-susan-sarandon

    Un abrazo a todas,

    LinaC

    #10377
    Monserrat Alfaro
    Participante

    Esta es la historia que comparto con mucho respeto de Carmen, España https://instagram.com/endosofia_carmen?igshid=MzRlODBiNWFlZA==

    «Yo tenía 12 años. Mi cuerpo sentía escalofríos tremendos. Mi pierna derecha sentía como si la estuvieran arrancando y sentía calambres muy fuertes. Yo tengo dos hermanas de entre 18, 19 y me dijeron que no exagerara, que a ellas también les había dolido y que no era para tanto. Yo sentía que no podía, que me iba a morir, que el dolor era muy, muy exagerado. Me dieron un un antiinflamatorio que se estila mucho en España. Me lo tomé, al rato empecé a vomitar y de golpe empecé a sentir calambres en el intestino y diarreas. Así estuve durante varias horas. Ese fue un día super traumático.
    Pasaron unas dos, tres horas. Mi madre, que su forma de dar atención era así, me decía lo mismo “estás queriendo llamar mucho la atención. Esto es normal Carmen, es el proceso de convertirse en mujer”. Yo sufría, me sentía mal. Yo sólo pensaba “Dios mío, que calvario. Si esto es el proceso de convertirse en mujer”. No terminaba de bajarme la regla, imaginaos la sensación que tenía mi cuerpo de “Wow, qué está pasando. Me están diciendo que es normal y yo no soy lo suficientemente mujer para soportar este dolor como todas las mujeres”. Así que estuve aguantando, ya no pude más. Una de las veces me desmayé, y me llevaron al Hospital San Juan de Dios en Barcelona. Me miró el médico, me observó, me hizo una ECO. Como todavía no había tenido relaciones, no podía mirarme a nivel vaginal, y me dijo “Muchacha, niña. Ese es el proceso normal de convertirse de niña a mujer”. Para mí fueron palabras detonantes, fueron como puñales porque al día de hoy sé que no me estaba convirtiendo en mujer, era un proceso, era un cambio y no era normal. Desde ese momento, esas puñaladas, esos cuchillos, fueron como muy condenatorios en mi entorno familiar. Con los años, llegaba del instituto con la misma sensación. Ese día lo pasé como pude. Me mejoró porque me pusieron vía intravenosa calmantes. Al cabo de dos, tres semanas, se produjo el sangrado. Ahí fue la menarca, que fue muy compleja. No me bajaba bien y era por ese tema que mi cuerpo no podía. Desde ese momento recuerdo estar agotada, cansancio, debilidad, vómitos… me sentaba mal la comida.
    Mi menarca la recuerdo como el peor día de mi vida. Al día de hoy acompaño a mujeres con endometriosis y he sanado la endometriosis. Sé que es posible, pero hay que poner atención cuando duele y a consecuencia de qué es e investigar, y averiguar. Y no “tomate esto” y observar qué ha pasado. Observar como es ese sangre, observar como es la niña. No es una mujer, es una niña que está haciendo un cambio muy importante en su vida. Hay que atenderla. A mí me dio una sensación de soledad profunda, de estar desatendida y me hizo ser la mujer que soy y buscar mis valores, mis principios sola también, en mi camino de vida. La endometriosis me enseñó a hacer bastante solitaria, gracias a Dios, a la terapia, escuchar y atender mi dolor y desde ahí tratar mis emociones. Sentí tal soledad, sentí que ese dolor iba a estar perpetuamente en mi vida hasta el momento en que casi fallezco con una peritonitis con 33 años, ahí ya supe que tenía endometriosis, estadio IV. Ahí mi vida cambio por completo y creo otro paradigma.»

    #10566

    Quiero compartir lo que fue para mí tener por un largo periodo dolores en mi vientre intensos e incapacitantes.
    Tenía 36 años, cuando comencé a sentir punzadas dolorosas en mi ovario izquierdo y constante dolor en mi vientre en el momento de ovulación y durante la menstruación. Luego esos dolores puedo decir que los sentía todo el ciclo menstrual.
    No fue sino luego de unos meses que decido consultar. En la ciudad donde me encontraba no tenía acceso a salud ya que hace poco me había trasladado allí y no contaba con una afiliación que me permitiera visitar un(a) médico(a) sin pagar altos costos de manera particular.
    Durante ese periodo recuerdo haber comentado de esto a un doctor cercano, él era amigo nuestro (de mi compañero y yo) de este padecimiento a lo que él respondió que ese dolor significaba un deseo reprimido o una necesidad de concebir y parir.
    También recuerdo haber estado tumbada con fuertes dolores en cama, deprimida, sintiendo que me marchitaba, mi potencial creativo antes tan enérgico parecía desaparecer. Mi deseo sexual también disminuía y yo estaba enojada la mayor parte del tiempo. Estos dolores me impedían trabajar, estudiar, salir… quería esconderme. Creo que pensaba que nadie tenía que enterarse de mi dolor, como si eso de alguna manera me avergonzara.
    Decidí consultar en una ciudad cercana con un doctor homeopático y naturista. Él me envío a hacerme una ecografía y ahí pude darme cuenta que tenía un quiste bastante grande acompañado de otros más pequeños. Por suerte todas las recomendaciones que me hizo y remedios que me recetó ayudaron a que estos fueran menguando. Me indicó que no debía comer lácteos, azucares ni carnes. Qué tomará unos jugos y un remedio de plantas que él mandaba traer desde Perú.
    Esto fue solo un primer paso al camino de sanación tan profundo que pude experimentar. Decidí volver a mi ciudad natal (Medellín) PARA ATENDERME Y SANAR. Proceso que duro aproximadamente un año.
    Conté con la oportunidad de conocer una comunidad que hacía acompañamiento terapéutico y psicológico. Aquí quiero nombrar que esto solo fue posible porque conté con el apoyo económico de un familiar, de no haber sido así, no creo haberlo hecho en ese momento. Recién llegaba y prácticamente debía iniciar de nuevo mi vida.
    Creo que esta terapia fue de las cosas más fuertes y agotadoras a las que me sometí buscando una real sanación. Y bueno, en estas largas sesiones encontré bastante información que estaba relacionada al dolor en mi matriz. Como causas más recientes; La no plenitud de mi sexualidad, el sentirme rechazada y sola. Pero además pude ver que cargaba con heridas no atendidas de mi propio pasado, abusos, maltrato de una expareja, tristezas y sobre todo RABIA. Rabia no expresada, dolor contenido, injusticias calladas…también pude hacerme consciente en mi propio cuerpo de los dolores heredados de mi madre y mi abuela que siempre había llevado conmigo.
    Culminé el proceso exhausta, luego de estar asistiendo casi por una semana entera a consultas, en sesiones que duraban todo el día. Exhausta pero aliviada, liviana. Sentí que me había quitado un peso que por años había cargado. Pude expresar todo mi llanto, todo mi dolor, toda mi rabia sin pretenderlo disimular. Eso fue demasiado liberador. No tener juicios, tan solo apoyo para que yo pudiera soltar con las piernas muy abiertas eso que siempre se había contenido en mi interior y que por toda mi vida había alimentado. Esta experiencia me cambió totalmente.
    Luego de esto me realice otra ecografía y ya no había quistes. Desde ahí seguí teniendo una menstruación sin dolores fuertes y ahora puedo decir que es agradable sangrar.
    Para mí, el acompañamiento terapéutico y el tratamiento homeopático que recibí fueron de gran apoyo en ese camino de autoconocimiento, atendiendo asuntos de los que debía hacerme cargo, hacia esa conciencia de autocuidado y amor propio.

    #10567

    Hola a todas. Les comparto lo que escribí tratando de describir a lo que me ha llevado el dolor en muchos momentos de mi vida.

    1 3 8 0 es mi número de la muerte. Lo descifré en un impulso absurdo: quise hacer la cuenta, y con mis matemáticas básicas sumé las veces que he deseado morir: mil trescientas ochenta. Me parecen pocas. Sé que han sido muchas más. Conté los meses que he menstruado durante veintitrés años. Cinco días cada mes, sin contar la ovulación, ni los sangrados de seis, siete o quince días. Sí, son más. Y no intentaré incluir las veces que me faltan. Me asusta atravesar este umbral: 1 3 8 0 formas de esperar la muerte, de invocarla como antídoto fulminante y certero.

    Cuando empecé a menstruar, empecé también a morir. No reconocía los síntomas. Nadie me había dicho que se encalambrarían mis manos, mis piernas y pies. Nadie, nunca, nombró que podría caer y golpearme los pómulos. Que podría ver el mundo verde, después blanco, y después, simplemente no verlo. Que sentiría chuzos en el vientre como si muchas agujas salieran de ahí; que un golpe desde adentro de la piel detendría mis pasos y me tumbaría al piso. Que el “dolor bajito” se volvería debilidad y frío y calor en todo el cuerpo. Que mi cabeza palpitaría. Que intentaría cagar pero un frío intenso recorrería mis caderas, subiría por mi espalda hacia el cuello y llegaría a mi cerebro hasta empujarme violentamente al suelo. Y luego, en un intento del dolor por salir de mi cuerpo, se quedaría atascado en las puntas de mis dedos, doblando mis muñecas y talones, imponiéndose cual candado que amarra, aprieta y castiga. Nadie, nunca, me dijo que podría desvanecerme por completo, olvidar la vida en un instante, y luego despertarme cagada, bañada en sudor y atrapada por horas en una desolación inmensa.

    La primera vez pensé que estaba muriendo. Que seguro así también se podía morir, y no solo a bala, que era como estaba acostumbrada a ver la gente morirse y como pensaba que moriría yo también. Esa primera vez me asusté, y la segunda, y la tercera. Sentía un miedo profundo. En los taxis, camino al hospital, alcanzaba a decirle a mi hermanita que la amaba, en mi mente, y despedirme de ella mientras me consumía en ese carro que bajaba muy rápido por las faldas empinadas de la montaña, mientras pitaba con un pito agudo, aturdidor, insoportable, haciendo las veces de ambulancia y sorteando todo el caos que se cruzaba barrio abajo, hasta llegar al verdadero infierno, al más aséptico de los infiernos que he habitado: el hospital. Un infierno que perpetuó mi dolor hasta ahora, veintitrés años después. Frío e insípido infierno que me hizo regresar esa noche y todas las siguientes a mi casa, sin una sola respuesta, sin atinar una pregunta delicada. No sé cuántas pruebas de embarazo me hicieron de ahí en adelante. Yo me daba cuenta que las hacían cuando le decían a mi mamá -no está embarazada-, y entonces osaban recomendar que me embarazara, que así dejaría de sentir dolor. Y yo tenía trece años. Aprendí lo que era la frustración cuando me di cuenta que ese dolor menstrual no me mataría. La muerte entonces dejó de ser tangible para mí. Supe que no me entregaría el descanso, sino el padecimiento de su deseo. Cada mes la anhelé, invoqué su infinita crueldad y dureza sobre mi cuerpo. Le dije que sí, que este mes sí, que no me devolviera más a la vida. Le dije que no quería resucitar más, que me dejara ahí, desvanecida, desaparecida de mí. Y la muerte fue terca, quiso mostrarme caminos cuando yo solo la quería a ella. Y me dejó vivir. Y yo aún me pregunto qué profundo, latente y genuino deseo de estar viva hizo que con mi mano no colgara la soga para ayudarle a mi cuerpo a matar su dolor.

    #10605
    Paula Andrea Portela
    Participante

    Desespero y frustración es lo que ha rondado en mí con más fuerza en los últimos meses, al enfrentarme cada mes por cinco días, con un dolor paralizante, asfixiante, aturdidor. Escuché la clase del sábado hace unas horas y entendí, en parte, mi pérdida de sentido. Justo ha sido una pregunta que he tenido en mis últimas semanas. ¿Qué estoy haciendo conmigo? Se atraviesan varias respuestas y patrones que procuro transformar, pero sé que en una gran medida esa pregunta, que surge de un profundo desazón, tiene que ver con una condición de dolor recurrente que quita las ganas de vida, que trastoca los tiempos, que agota, que confunde e impresiona. ¿Por qué dolor? ¿Cuándo encontraré una explicación? ¿Dejará de doler en algún momento? Y, aunque sé que en este camino he intentado encontrar algunas respuestas, o al menos pistas, me resulta agotador el que, los mismos ritmos frenéticos e hiperproductivistas del mundo que habito e interiorizo, me han restado espacio, tiempo y disposición para cuidar de mí y continuar con mi búsqueda.
    Me impulsa -y también apasiona-, el encontrarme cada vez con más mujeres que viven situaciones similares. Encontrarnos en la empatía del dolor y también en la furia que nos produce la invisibilización del sistema. Qué injusto es buscar respuestas y que encuentres menosprecio, minimización. Ahí, en ese lugar, vuelvo a encontrar fuerza y ganas de seguir la búsqueda, de abrir campo y nombrar lo que necesita ser nombrado.
    Recuerdo mucho que cuando estaba en séptimo de primaria, una profesora me sacó del salón de clase por tener una bolsa de agua caliente en mi vientre. Al parecer, le molestaba mucho que me ausentara o que cada mes se repitiera esa misma escena. Ante todos mis compañeros y compañeras me dijo que dejara la bolsa de lado o que me retirara del salón, que no llamara más la atención. Le respondí que no estaba llamando la atención y que seguro ella no se lograba imaginar lo que significaba ese malestar. Me insistió en su mensaje, por lo que tomé mis cosas y me salí del salón de clases. No volví a su clase por unas semanas. Me buscó diciéndome que no fuera tan orgullosa, que habláramos. Le discutí nuevamente y le señalé que no volvería a la clase si no me permitía entrar con la bolsa. Meses después me desmayé en la fila de la tienda por un dolor incapacitante.
    Me quedó marcado ese momento, como otros de invisibilización, por lo absurdo. También, por mi fuerza y mi determinación en defender lo que necesitaba para mí por la convicción de la vivencia que atraviesa mi cuerpo.

    #10619
    Jaquelin Barrios
    Participante

    Hola a todas, gracias por compartir sus testimonios e historias, estoy agradecida por este espacio en el que me siento acompañada y sostenida.

    En esta oportunidad quisiera compartirles mi propia experiencia. Yo crecí viendo como las mujeres de mi familia paterna vivían menstruaciones largas, abundantes y sobre todo muy dolorosas. Para mí ese era un destino al que debía resignarme y durante mucho tiempo así lo viví. Siempre me dijeron que dolía, nunca lo cuestioné y acepté que era lo que me tocaba, recuerdo haber tenido dolor desde mi primera menstruación, con el paso de los años empeoró y marcó una relación de rechazo y frustración con mi cuerpo. Siempre sentí que en mi familia no les importaba mucho porque se me exigía actuar como si no pasara nada ya que todas vivían eso y no era para tanto, incluso mi madre que según decía nunca le había dolido, me repetía que era normal. Yo tenía que hacer mis actividades sin interrupción, ir al colegio así era muy incómodo y estresante, el dolor y el temor a mancharme por lo abundante del sangrado me ponían ansiosa. Me daba vergüenza que supieran que estaba menstruando así que me aguantaba o inventaba otros malestares. Me hacían sentir que exageraba o que no era suficientemente fuerte por no poder soportar el dolor. A decir verdad, no puedo recordar durante mi infancia y mi adolescencia una menstruación sin dolor y eso duele en muchos sentidos. Hace algunos años me diagnosticaron endometriosis, sin embargo no he podido darle la atención que merece este tema porque siempre me ha costado mucho priorizarme , verme y escucharme, siempre he puesto al resto y otras cosas antes que a mi misma, eso es algo que vengo trabajando y va teniendo resultados, pero aún es una lucha constante. Por ello, tener un diagnóstico me ha ayudado a entender algo más sobre mí pero no necesariamente ha significado actuar integralmente por mi condición y mi salud. Acepté anticonceptivos, pero los dejé por sus efectos adversos, hoy trato de hacer ciertas cosas para buscar mejorar mi vida pero sigue costándome. Leerlas, me anima y me da fuerza para no seguir invisibilizando mi propio dolor.

    Les comparto un testimonio que escribí hace algún tiempo para el proyecto en el que activo justamente relacionado a mi experiencia con el dolor menstrual.
    https://mobile.facebook.com/nt/screen/?params=%7B%22note_id%22%3A955457831609668%7D&path=%2Fnotes%2Fnote%2F&paipv=0&eav=AfZeSc5bRhsIJ-TYhrTrxqpgZkngrjFXBo999krReTFEOHMIRvuspRxbTw5G6tRnZEw&wtsid=rdr_0RsgSCITIIKyW9KKY&_rdr

    #10761

    Holas a Todas con este mensaje doy cierre a este Foro.

    Primero, deseo valorar escribir sus propias historias o historias de otras personas en torno al dolor menstrual. Gracias, por convertirnos en lugares seguros para hacerlo y ser cuerpos políticos activos para la visibilización del dolor menstrual. Quedo muy conmovida con las historias contadas y creo que merecemos hacernos cuerpo con cada experiencia menstrual compartida.

    Gracias y seguimos tejiendo🩸🙌🏼🩸

    #12382
    Giulia Sansoni
    Participante

    el dolor menstrual ha sido invisibilizado por parte de mi propria madre desde que empecé a menstruar. y ha marcado tanto mi vida porque así mismo nunca sentí que podia manifestar cualquier otro dolor. hasta que mis amigas burlandose de mi me llamaban «tractor» porque yo aguantaba cualquier dolor fisico o emocional que fuera. cuando me lo dijo por primera vez mi terapeuta es que empecé a cuestionarmelo. y con ello tantas cosas más. fue como abrir una vasija muy profunda, hasta la herida principal. ignorar mi dolor y decirme que hiciera todo normal como si nada pasara, porque eso era normal y ya tenia yo que acostumbrarme y terminado el asunto. siento que con la invilizacion del dolor es como dejar de habitar esa parte de cuerpo. y dejar de habitar partes del cuerpo es sumamente peligroso porque alli no sentimos , también dejamos que los demás hagan lo que quieran con eso porque no sabemos poner limites.
    Fue increible y es increible el viaje que me doy para volver a habitar ese cuerpo hermoso que tengo con mucho agradecimiento.
    gracias por este espacio para compartir. tan importante.

    #12413

    He descubierto que mi dolor menstrual ha estado relacionado con un dolor emocional, recordándome en cada ciclo lo «miserable que soy» y lo coloco aún en presente porque me cuesta tanto confrontar dichos pensamientos y es tan desgastante que termino cediendo a todo lo que mi mente quiere atribuirme en la fase premenstrual.
    Desde muy pequeña fui abusada sexualmente por muchos hombres de mi familia incluido mi padre y fue tan desfigurante la concepción que me crearon y cree del concepto de mi misma, del amor, de la sexualidad y de los vínculos afectivos que cuando tuve mi menarquia a las 12 años; lo primero que atiné a decir y pensar fue: 1.»Ya ningún hombre más querrá estar conmigo porque le dará miedo de embarazarme» y 2. Pensar que en el colectivo se mencionaba que cuando a una mujer le llegaba su «regla» es porque estaba desarrollada y con ese cuerpo iba a quedar toda la vida, al verme sin nada de senos y sin caderas pronunciadas me hizo odiar mi cuerpo porque pensaba que sin estos atributos ya no podría atraer a los hombres… lo recuerdo como si fuera hoy.
    El tiempo pasó y me fue regalando conciencia del mal que me habían hecho y de lo «sucia» que me sentía en relación a otras niñas de mi edad lo que me llevó a desarrollar sobrepeso y obesidad a una edad muy temprana, empeorando mis ciclos menstruales porque se me hinchaban los pies y sentía un dolor en el cuerpo, en la piel, hasta el roce del viento me lastimaba; todo esto siempre en la fase premenstrual, es decir, casi 8 días antes del sangrado.
    Y así han pasado los años y en cada premenstruación me he odiado a más no poder, he rechazado y maltratado mi cuerpo a más no poder, me he culpado y culpado a mi madre por permitir esos abusos, he odiado a los hombres por hipersexualizarme a tan temprana edad y luego caer en un hoyo oscuro de incompleto deseo, de no querer establecer una relación estable con nadie por temor a ser utilizada y dañada nuevamente, a refugiarme en miles de cosas para encontrar alivio… y así, es un ciclo interminable que me acompaña hasta hoy a mis 37 años.
    Hace más de un año vengo sostenida fortuitamente por Vero, inicialmente nos vinculamos bajo otro propósito, pero aquí estoy viviendo la experiencia más linda, bondadosa y resignificadora que haya podido tener.
    Concebir que si bien mis ciclos me recuerdan lo indeseable de ser mujer, también lo he aprendido a ver como un regalo a mi salud, un recuerdo de que sigo habitando el cuerpo de una mujer y una evaluación consciente de lo que hice durante ese casi último mes, lo que me ha permitido sentir menos dolor abdominal y tener menos pensamientos intrusivos antes y durante la menstruación.
    Sigo cargando las secuelas y el peso de lo que implica ser mujer en algunas sociedades como la nuestra, entiendo mi momento y mi proceso, disfruto y agradezco el día y espero ver mis ciclos mejor asociados con experiencias emancipadoras de todos mis despliegues que he ido conquistando al SER MUJER.

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