Respuesta a: Foro del módulo 1

#12413

He descubierto que mi dolor menstrual ha estado relacionado con un dolor emocional, recordándome en cada ciclo lo «miserable que soy» y lo coloco aún en presente porque me cuesta tanto confrontar dichos pensamientos y es tan desgastante que termino cediendo a todo lo que mi mente quiere atribuirme en la fase premenstrual.
Desde muy pequeña fui abusada sexualmente por muchos hombres de mi familia incluido mi padre y fue tan desfigurante la concepción que me crearon y cree del concepto de mi misma, del amor, de la sexualidad y de los vínculos afectivos que cuando tuve mi menarquia a las 12 años; lo primero que atiné a decir y pensar fue: 1.»Ya ningún hombre más querrá estar conmigo porque le dará miedo de embarazarme» y 2. Pensar que en el colectivo se mencionaba que cuando a una mujer le llegaba su «regla» es porque estaba desarrollada y con ese cuerpo iba a quedar toda la vida, al verme sin nada de senos y sin caderas pronunciadas me hizo odiar mi cuerpo porque pensaba que sin estos atributos ya no podría atraer a los hombres… lo recuerdo como si fuera hoy.
El tiempo pasó y me fue regalando conciencia del mal que me habían hecho y de lo «sucia» que me sentía en relación a otras niñas de mi edad lo que me llevó a desarrollar sobrepeso y obesidad a una edad muy temprana, empeorando mis ciclos menstruales porque se me hinchaban los pies y sentía un dolor en el cuerpo, en la piel, hasta el roce del viento me lastimaba; todo esto siempre en la fase premenstrual, es decir, casi 8 días antes del sangrado.
Y así han pasado los años y en cada premenstruación me he odiado a más no poder, he rechazado y maltratado mi cuerpo a más no poder, me he culpado y culpado a mi madre por permitir esos abusos, he odiado a los hombres por hipersexualizarme a tan temprana edad y luego caer en un hoyo oscuro de incompleto deseo, de no querer establecer una relación estable con nadie por temor a ser utilizada y dañada nuevamente, a refugiarme en miles de cosas para encontrar alivio… y así, es un ciclo interminable que me acompaña hasta hoy a mis 37 años.
Hace más de un año vengo sostenida fortuitamente por Vero, inicialmente nos vinculamos bajo otro propósito, pero aquí estoy viviendo la experiencia más linda, bondadosa y resignificadora que haya podido tener.
Concebir que si bien mis ciclos me recuerdan lo indeseable de ser mujer, también lo he aprendido a ver como un regalo a mi salud, un recuerdo de que sigo habitando el cuerpo de una mujer y una evaluación consciente de lo que hice durante ese casi último mes, lo que me ha permitido sentir menos dolor abdominal y tener menos pensamientos intrusivos antes y durante la menstruación.
Sigo cargando las secuelas y el peso de lo que implica ser mujer en algunas sociedades como la nuestra, entiendo mi momento y mi proceso, disfruto y agradezco el día y espero ver mis ciclos mejor asociados con experiencias emancipadoras de todos mis despliegues que he ido conquistando al SER MUJER.