Respuesta a: Foro del módulo 1

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Monserrat Alfaro
Participante

Esta es la historia que comparto con mucho respeto de Carmen, España https://instagram.com/endosofia_carmen?igshid=MzRlODBiNWFlZA==

«Yo tenía 12 años. Mi cuerpo sentía escalofríos tremendos. Mi pierna derecha sentía como si la estuvieran arrancando y sentía calambres muy fuertes. Yo tengo dos hermanas de entre 18, 19 y me dijeron que no exagerara, que a ellas también les había dolido y que no era para tanto. Yo sentía que no podía, que me iba a morir, que el dolor era muy, muy exagerado. Me dieron un un antiinflamatorio que se estila mucho en España. Me lo tomé, al rato empecé a vomitar y de golpe empecé a sentir calambres en el intestino y diarreas. Así estuve durante varias horas. Ese fue un día super traumático.
Pasaron unas dos, tres horas. Mi madre, que su forma de dar atención era así, me decía lo mismo “estás queriendo llamar mucho la atención. Esto es normal Carmen, es el proceso de convertirse en mujer”. Yo sufría, me sentía mal. Yo sólo pensaba “Dios mío, que calvario. Si esto es el proceso de convertirse en mujer”. No terminaba de bajarme la regla, imaginaos la sensación que tenía mi cuerpo de “Wow, qué está pasando. Me están diciendo que es normal y yo no soy lo suficientemente mujer para soportar este dolor como todas las mujeres”. Así que estuve aguantando, ya no pude más. Una de las veces me desmayé, y me llevaron al Hospital San Juan de Dios en Barcelona. Me miró el médico, me observó, me hizo una ECO. Como todavía no había tenido relaciones, no podía mirarme a nivel vaginal, y me dijo “Muchacha, niña. Ese es el proceso normal de convertirse de niña a mujer”. Para mí fueron palabras detonantes, fueron como puñales porque al día de hoy sé que no me estaba convirtiendo en mujer, era un proceso, era un cambio y no era normal. Desde ese momento, esas puñaladas, esos cuchillos, fueron como muy condenatorios en mi entorno familiar. Con los años, llegaba del instituto con la misma sensación. Ese día lo pasé como pude. Me mejoró porque me pusieron vía intravenosa calmantes. Al cabo de dos, tres semanas, se produjo el sangrado. Ahí fue la menarca, que fue muy compleja. No me bajaba bien y era por ese tema que mi cuerpo no podía. Desde ese momento recuerdo estar agotada, cansancio, debilidad, vómitos… me sentaba mal la comida.
Mi menarca la recuerdo como el peor día de mi vida. Al día de hoy acompaño a mujeres con endometriosis y he sanado la endometriosis. Sé que es posible, pero hay que poner atención cuando duele y a consecuencia de qué es e investigar, y averiguar. Y no “tomate esto” y observar qué ha pasado. Observar como es ese sangre, observar como es la niña. No es una mujer, es una niña que está haciendo un cambio muy importante en su vida. Hay que atenderla. A mí me dio una sensación de soledad profunda, de estar desatendida y me hizo ser la mujer que soy y buscar mis valores, mis principios sola también, en mi camino de vida. La endometriosis me enseñó a hacer bastante solitaria, gracias a Dios, a la terapia, escuchar y atender mi dolor y desde ahí tratar mis emociones. Sentí tal soledad, sentí que ese dolor iba a estar perpetuamente en mi vida hasta el momento en que casi fallezco con una peritonitis con 33 años, ahí ya supe que tenía endometriosis, estadio IV. Ahí mi vida cambio por completo y creo otro paradigma.»